Asuntos Fotográficos

Hace unas semanas escribí un post titulado muy dramáticamente La Trinchera. En él hice una especie de llamamiento a la acción para que los fotógrafos nos pusiéramos a documentar el peculiar momento que estamos viviendo, cada uno desde su punto de vista y con su lenguaje. El origen del post se halla en un bar del centro de Madrid en el que tuve una conversación con Rafael Trapiello, que es un joven fotógrafo, ex ingeniero.

Por lo que parece, no fui yo el único que salió de aquel bar con los dedos afilados. Rafael empezó a maquinar algo que por lo visto Jonás Bel, otro joven fotógrafo del colectivo NOPHOTO también llevaba un tiempo mascullando: hacer una serie de retratos de personas que viven en España, acompañadas de una ficha en la que pondrían unos pocos datos personales y una frase en la que dirían lo que esperan del año 2013; ese año del que hace poco se decía que sería el del principio del fin de la crisis. De ahí salió el proyecto a 4 manos, 2013.

Estos retratos formales, cartesianos, en los que no hay más dramatismo que el de saber que la persona que ahí aparece y se expresa, es nuestra semejante. Por lo tanto nos hace susceptibles de sentir y experimentar lo que ellos sienten y experimentan. Unos retratos inspirados en la serie taxonómica de August Sander, el genio alemán que retrató la República de Weimar, los momentos previos al desastre.

El proyecto 2013 se puede ver en este blog de momento, pero va a ser publicado por entregas a lo largo de 2013. Cada mes la flamante nueva editorial PHREE sacará un cuadernillo. Al final de año, quien haya sido persistente, tendrá 12 libritos con un total de casi 300 retratos que pretenden ser una imagen colectiva del país.

La verdad es que la idea de retratar a la gente y ponerle al lado una cita propia, parece más bien un recurso editorial de dominical. Una sencilla palanca creativa sobre la que un redactor experimentado podría escribir un texto a medida. Y así sería si no fuera por que la cosa va a ser mucho más extensa. Y cuidado, que este es de esos trabajos que necesitan de por lo menos una década de reposo para empezar a tomar cuerpo. Y si no, coged una foto vuestra de Agosto de 2001. Intentad recordar quiénes érais, y cómo os sentíais. Nada nos hacía sospechar que íbamos a pasar los (por lo menos) 12 siguientes años con las benditas "medidas especiales de seguridad" que tanto nos entretienen en los aeropuertos. Porque lo que hoy parece normal, mañana parecerá mentira. Quién sabe. A lo mejor descubrimos, como a veces sospechamos, que todo esto no era más que una burda estrategia de control. Que la gente, aún con problemas, sigue siendo gente. O a lo peor en el futuro miramos para atrás y la vida de 2013 nos parece un paraíso perdido, cuando lo único que no teníamos era dinero.

Lo que voy a querer ver en las próximas entregas es a gente no tan normal. Un sepulturero, un marqués en su castillo, una presentadora de teletienda... Yo sé que Rafael y Jonás ya lo tienen todo controlado y les sobran candidatos, pero os animo, si sois personas raras, a que escribáis en este post y os postuléis para salir. Vamos a contribuir en el proyecto 2013 consiguiendo que España parezca el manicomio que nos dicen que es.

 

Acabo de volver de Caracas, donde junto a Walter Astrada, he estado impartiendo un taller de multimedia / audiovisual aplicado al periodismo y documentalismo online, en la escuela Fotoarte, donde nos han acogido de la mejor manera posible.

El caso es que una buena parte de los asistentes al taller eran periodistas; fotógrafos experimentados, a los que sus jefes torturan pidiéndoles que hagan fotos y vídeos a la vez. Les piden contenidos multimedia, pero parece que en realidad no saben lo que quieren. Ni la estructura, ni el contenido, ni la duración, ni siquiera una mísera pista acerca de por qué lo quieren.

Al final del taller, la pregunta más repetida ha sido: "pero, ¿cómo puedo yo aplicar todo esto a mi realidad de periodista cotidiano?. ¿Es posible hacer un audiovisual en cuestión de horas?

Después de hablar de estructuras, de narrativas, de retórica, de equipo, de audio, de técnica y de todas esas cosas de las que hablamos en los talleres, mi repuesta ha sido que yo creo que sí. Creo que es posible, aunque quizás hay que recurrir a formatos distintos. Más parecidos a un twit: cortos, con muy pocas frases, y quizás usando textos escritos. Casi sólamente titulares.

Así que me he propuesto hacer un ejercicio, para demostrar que es posible, o más bien, para ilustrar a qué tipo de pieza me refiero. El ejercicio ha sido crear un pequeño video hablando acerca de los efectos del subsidio de la gasolina en Venezuela, de entre los cuales, el más evidente, aunque no el mñas devastador, es "la cola"; el monumental atasco que cada día colapsa Caracas. Como además se ha dado la coincidencia de que en las últimas horas que hemos pasado en Caracas, parece que ha aterrizado Hugo Chávez, después de verios meses tratándose en Cuba, he podido rodar algún plano para ligar el hecho del subsidio, al fervor popular que producen medidas como estas, y otras muchas por el estilo.

Por su lado Walter ha hecho un ejercicio bastante interesante. El asunto es que hemos comporobado que Caracas es un lugar muy colorido, pero el estereotipo fotográfico actual la convierte siempre en un duro blanco y negro, como para resaltar el aspecto más violento de la capital. Caracas es una ciudad violenta, de eso no cabe la menor duda. Más de 100 muertes vielontas cada fin de semana. La mayoría se dan en los barrios de ranchos. las infraviviendas que rodean el centro de la ciudad. Sí, Caracas es violenta. ¿Quién no conoce "Capitolio" de Christopher Anderson? Tan bueno, tan acertado fue el trabajo, que se ha convertido en un estereotipo; en un cliché, es decir, el original del que salen todas las subsiguientes copias o derivados. Y reflexionando acerca de cómo un trabajo original y poderoso puede influir durante años en la percepción de un lugar y por lo tanto en la manera que se fotografía, Walter ha decidido probar a hacer un pequeño reportaje titulado "Caracas Violenta", fotografiando los lugares más normales. El simple recorrido hacia la escuela, o una parada a desayunar. Usando una aplicación de iPhone que hace un interesante Blanco y Negro, más la innata capacidad del ser humano de terminar de construir historias, aunque sólamente disponga de unos pocos elementos, ha producido en un par de días, y casi sin bajar del coche, este sencillo pero eficaz reportaje de Caracas Violenta.

Control de la policia en el centro de Caracas de camino a la Escuela donde impartiamos clases con Carlos Spottorno del taller de multimedia. El vidrio roto del coche se produjo por la caida del fruto de un arbol. 

Carlos Spottorno pasa frente a la puerta de un garaje con la inscripción, ¨NO PARAR¨ regresando de la panadería donde compramos el desayuno. 

Los faros del coche de Arlette alumbran la carretera mientras nos dirigimos a buscar a su hija a la clase de teatro.

Guardia de seguridad en la puerta del teatro donde Arianna, estudia. Foto realizada mientras esperábamos que saliera.

Coche patrulla estacionada en la carretera mientras nos dirigíamos al hotel.

Foto de la cuneta realizada de camino a la escuela donde dictábamos el taller de multimedia Carlos Spottorno y yo. 

Arlette llevándonos al hotel luego de finalizado el ultimo día de clases con Carlos Spottorno.

Puesto callejero fotografiado desde el coche regresando al hotel. 

Una camioneta pasa frente a un cartel del Presidente Venezolano Hugo Chavez, mientras nos dirigíamos al Hospital militar Carlos Arevalo.

Simpatizantes del Presidente Venezolano Hugo Chavez se manifiestan frente al Hospital Militar Carlos Arevalo donde supuestamente esta ingresado, tras permanecer 72 días en Cuba para ser tratado por el cáncer que padece. 

Vista del barrio La Planicie, Catia, Parroquia Sucre desde la autopista por la cual nos dirigíamos a almorzar con Carlos y nuestros amigos Arlette, Eva Marie, Marco, Emma, Roberto y Arianna.

Una mujer barre el frente de la Funeraria Minerva, mientras pasamos con Carlos Spottorno y Marco Bello de camino al Hospital Militar Carlos Arevalo.

Simpatizantes del Presidente Venezolano Hugo Chavez gritan consignas celebrando su supuesto regreso al pais, tras permanecer 72 días en Cuba donde fue tratado por el cáncer que padece.

Dos personas conversan frente a un cartel ¨Somos millones de Chavez¨.

Hoy lanzo mi nueva web, cuyas principales novedades son que están incluidos los videos, los libros y el blog. Así que hoy el tema va de eso: de mi web. Pero tranquilos, voy a aprovechar la coyuntura para hablar un poco sobre algo que he observado en los últimos años: la transformación de las web grises en webs blancas.

Hice mi primera web en el año 2001. Era una página muy minimalista, con tecnología Flash, en la que las miniaturas de las fotos se movían en sentido contrario a la dirección de la flecha y el tamaño de las letras era minúsculo. Por entonces, incluso los que queríamos ser discretos caíamos en cosas que hacían innavegables nuestras páginas. El fondo era gris y la tipografía era la Arial.

Años después, cuando quise actualizarla decidí que utilizaría lo más sencillo que estuviese al alcance de mi conocimiento tecnológico, que era prácticamente nada en ese área. Así que usé una plantilla de Lightroom y la modifiqué un poco en Dreamweaver para que fuese totalmente de mi gusto. Y con eso he estado varios años. 

Esta segunda página estaba inspirada en la de Magnum, que era un prodigio de racionalidad austera. Un diseño que aguantó muchísimo tiempo, aunque recientemente la han cambiado. Ahora la página de Magnum parece un blog, casi indistinguible de otros miles.

Digamos que por aquella época casi todos los fotógrafos de referencia y las agencias de fotos reconocidas usaban el gris en sus páginas web. Toda la fotografía profesional y documental estaba ligada al concepto heredado del viejo cuarto oscuro, habitualmente pintado de negro o de gris. Para mustra, un botón.

Pero eso ha cambiado con el tiempo. La fotografía documental fue cediéndole espacio a la fotografía artística, que poco a poco se adueñó de algunas de las claves del periodismo y documentlaismo. Así que algunos fotógrafos empezaron a hacer sus páginas web mucho más descarnadas, más claras. Más parecidas a una galería de arte: lugares de grandes paredes blancas, donde las fotos flotan sin más referencia que una pequeña etiqueta y quizás un punto rojo.

El desplazamiento de la fotografía documental hacia el terreno del Arte ha traído consigo también la adopción de su aséptico envoltorio blanquecino.  Así, si vemos la web del Divino Paul Graham - con ese aire de "a mí esto de la web me da lo mismo, así que no me lío", - estaremos viendo la senda por la que tantísimos han pisado luego. 

No sé si la estadística ma acompaña, pero yo diría que el número de webs de fotógrafos con fondo claro hoy en día es muy superior al de hace sólo 5 años. 

A mí ya me tocaba renovación, porque ya era hora de incluir los vídeos y tener el blog insertado en la web. Como el diseño básico me sigue gustando, lo he mantenido tal cual; sin embargo he cambiado los colores porque ya me estaba resultando algo pasado todo ese gris oscuro. Supongo que tampoco soy del todo impermeable a las corrientes estéticas, que se han afianzado, al margen del contenido más artístico, documental o comercial que uno tenga.

De lo que más orgulloso estoy es de haber superado de una vez por todas la dicotomía del trabajo personal vs comercial. He llegado a la conclusión de que mi trabajo se divide en documental y creativo. Si genera o me cuesta el dinero, es completamente indiferente a la hora de definirlo. Hay trabajos comerciales que son muy personales y en realidad poco creativos. Ese es quizás, el caso de los documerciales, que finalmente ya se pueden ver aquí.

A parte de todo esto, que lo digo medio en serio medio en broma, también necesitaba un soporte más facil de mantener y actualizar. Conocí a Martin Schneider de HIERBABUENA ESTUDIO, a quien descaradamente hago un poco de promoción aquí, porque además de hacer exactamente lo que yo necesitaba y en los plazos establecidos, es un buen psicólogo; porque en realidad hacer una web de uno mismo es un ejercicio extremo de autodefinición, que a menudo supone una tarea inabarcable para los pobres fotógrafos que tenemos que mostrarnos tal como somos y tal como queremos ser. A la famosa frase de "tener un hijo, plantar un arbol y escribir un libro", yo añadiría, sin dudarlo, "hacerte una web". 

 

Lo primero, recordad una cosa: Eugene Smith nunca ganó una beca Eugene Smith, del mismo modo que Tim Hetherington nunca ganó una beca Tim Hetherington.

Dicho eso, y sentada la premisa de que los premios en ningún caso determinan con total certeza el valor ni la perdurabilidad del trabajo de ningún fotógrafo, podemos analizar si de verdad tienen alguna utilidad.

Porque de lo opuesto, no cabe la menor duda: los premios llevan consigo algunos problemas. Lo primero es que distorsionan la realidad y el trabajo periodístico y documental de los fotógrafos. Son muchos los que trabajan con el peso de la necesidad de reconocimiento oficial, y por lo tanto con un objetivo paralelo, y a veces más presente que el original de su profesión, que es el de fotografiar y contar a los demás hechos y situaciones, con el fin de erradicar la ignorancia y que en consecuencia se puedan tomar las medidas oportunas para que el mundo sea, poco a poco, un lugar mejor.

Cabe preguntarse si el fomento de la competitividad extrema es compatible con los valores relacionados con la idea del trabajo en equipo y la camaradería de la que tanto se presume en el ámbito fotográfico. La creación subsiguiente de un sistema de castas con una aristocracia que se retroalimenta y una masa de parias que se come las uñas hasta los codos, tampoco parece concordar demasiado con las buenas intenciones que aparecen en las bases de muchos de los premios y becas.

Además de suponer un elemento de distorsión de la profesión, el circuito de premios representa un gran negocio. La mayoría de los premios requieren de un pago de cuotas de inscripción. No hay que explicar más: ése es el negocio. Incluso el World Press Photo, que es gratuito, tiene su movimiento de dinero. Se produce un catálogo, se generan actividades educativas, la producción misma de las deliberaciones del jurado, los eventos de entrega de premios, la exposición itinerante que cada año recorre el mundo, las conferencias, en fin, todo lo que va detrás de las fotos. Ojo, que no digo que nadie se haga rico con ello, que no estamos hablando de un partido político español. Pero no se podría sostener todo el montaje de WPP sin algo de dinero circulando, que proviene generalmente de patrocinadores privados.

Así que al efecto distorisonador y al negocio, hay que añadirle algo que nos afecta a casi todos: una fuente inagotable de estrés. Cuando empieza la temporada de los premios, que suele ser a partir de Enero, todos empezamos a hacer ediciones, a escribir textos, a hacer cábalas relativas a las categorías, a antecedentes, a miembros de los jurados... un auténtico sinvivir. Es como si para comprar un billete de lotería te hicieran un exámen de álgebra y geopolítica. Lo bueno de la lotería es que compras y ya está. Si no ganas, pues tampoco le habías dedicado tanto. Pero esto de los premios es una pesadilla.

Y entonces, ¿por qué lo hacemos?

Lo hacemos porque los premios son lo único que puede hacer que te den una primera oportunidad. Una vez que has empezado a trabajar, tu propia trayectoria te hace de aval para el siguiente trabajo, pero al principio es imposible. Prácticamente nadie de las personas que están en puestos de toma de decisiones respecto a contratos de fotógrafos tiene un criterio realmente desarrollado. A partir de un cierto nivel de calidad mínimo, no saben distinguir si un porfolio es mejor que otro. Y como tampoco podemos decir que hemos sacado matrícula de Honor cum Laude en fotografía, porque nuestra profesión sólo se demuestra haciéndola, no tenemos muchas más herramientas para romper las primeras barreras. Así que sí, los premios, al igual que las escuelas, tienen una razón de ser. No son fruto del capricho ni de la maldad. Sirven para dar un aval incontestable, sirven para meter una línea de oro en tu CV y conseguir que el editor o responsable de comunicación de turno se quede tranquilo y pueda decir que ha contratado a alguien a quien alguien más informado que él ha considerado bueno. Una manera como otra cualquiera de ayudarles a evadir el peso de la responsabilidad.

Tampoco hay que olvidar que algunos premios tienen dotación económica, y eso no hace falta explicar por qué lo queremos.

Otra cosa es por qué los que ya tienen media docena de premios de los meramente honoríficos, siguen optando a ellos. La verdad es que los que ya tienen muchos premios, a menudo no se presentan. Les presentan sus agentes, que esos sí viven de los premios en términos de cantidad. "En mi equipo hay 35 World Press Photo". Esa es la primera frase que dirá un agente cuando se siente a negociar un contrato con un medio o empresa. Así que sí, también eso es una razón de ser. Cada año me pregunto por qué me sigo presentando, y cada año acabo recordando que había una razón.

Porque esa es otra función de todo esto: curte el carácter. Es una especie de ejercicio zen, una prueba de resistencia psicológica, que de alguna manera te convierte en un profesional, o te vas por agotamiento.

 

¿Qué es lo que nos convierte en fotógrafos?. ¿Tener la capacidad de conceptualizar un discurso y plasmarlo en escenas bidimensionales? , ¿el valor de adentrarnos en situaciones en las que nadie sensato se metería y fotografiarlas?, ¿la conciencia social, el compromiso político?, ¿haber publicado en algún medio impreso?, ¿formar parte de un grupo o colectivo?, ¿acudir a festivales?, ¿obtener más del 50% de nuestros ingresos con el ejercicio de la fotografía?, ¿haber ganado algún premio de reconocido prestigio?, ¿tener conocimientos de psicología para sacar lo mejor de los/as modelos?, ¿saber dirigir a un ejército de ayudantes y artesanos para que construyan lo que queremos?

Y la pregunta que alude a un grupo al que me voy a referir ahora: ¿conocer el uso de la luz y la composición y su efecto emocional en función de una narración previa?

Porque creo que esto es lo que hacen los directores de fotografía. Esos fotógrafos de los que los fotógrafos no hablan nunca. No hablan nunca de ellos porque a menudo no los consideran de los suyos, pero que en realidad son los que crean los estereotipos de los que luego nos nutrimos. Porque a estas alturas, yo diría que todos saben que la fotografía se nutre del cine mucho más que al contrario, verdad?. Bueno, sí, es un viaje de ida y vuelta, pero es innegable que dada la enorme influencia que tiene el cine en los fotógrafos, de vez en cuando podrían mencionarlos.

Nunca he visto en el blogroll de un fotógrafo el nombre de algún director de fotografía. Tampoco he oído casi nunca a los fotógrafos hablar de directores de fotografía. Es como si fueran un grupo que no nos concierne. No sé si es que no les consideramos fotógrafos porque trabajan sometidos a un guión ajeno, o porque vemos que su capacidad técnica es normalmente tan abrumadoramente superior, que preferimos mirar para otro lado y hacer como si no estuvieran ahí para no sentirnos intimidados. Escribo en primera persona del plural por prudencia, para que no vengan a decirme que si me meto con la gente, tal y cual. Porque lo cierto es que yo sí que me fijo mucho. He trabajado con algún director de fotografía excepcional cuando he rodado spots, y creo que de ellos, de lo que vemos en las buenas películas, es de quien más he aprendido en realidad.

Para que no todo sea regañina, propongo un juego: a ver quién reconoce estos fotogramas y nos dice la película y el Director de Fotografía.

Tomás López (y esto es todo lo que sé de él) me escribe un mail en el que me cuenta que después de 6 años educándose a sí mismo en fotografía, está un poco perdido. 

Cito: 

"Ahora estoy perdido.....hay tantas maneras de contar una historia, tantas maneras diferentes que me gustan....que ahora no se como contar mis historias. Creo que he perdido la inocencia de la ignorancia y ademas me he dado cuenta de que no se por donde empezar un trabajo. Hay veces que pienso que necesito apuntarme a una de las escuelas que haya aquí (BlankPaper o Lens) y aprender ese proceso."

Es decir, en realidad no se pregunta si hay que estudiar fotografía. Se pregunta si necesita matricularse en una escuela de fotografía. Y es una muy buena pregunta, porque es un tema que no tiene una respuesta sencilla.

O quizás sí. 

Para aprender a hacer fotos, para descubrir cuál es tu lenguage, para saber qué han hecho los demás antes que tú y poder enfrentarse a la fotografía con conocimiento de causa, acudir a una escuela es absolutamente prescindible. Hay miles de fotógrafos maravillosos, entre los que se cuentan los más clásicos y afamados, que nunca fueron a una escuela de fotografía. Si lo que quieres es aprender, no hay nada, nada en el mundo, comparable a salir a la calle y hacer fotos. Gástate lo que te cuesta una matrícula  en comprar una cámara, viajar y conocerte a tí mismo como persona y como fotógrafo. Sal de tu zona de confort, ponte a prueba, experimenta y date el lujo de hacerlo sin ánimo de lucro. Es imposible que al cabo de varios años no hayas conseguido encontrar tu lenguage. Haz retratos, paisajes, ve a zonas de conflicto, a lugares pacíficos y atractivos; alquila un estudio, juega con la luz, imprime tus fotos y autoedítate. Lee blogs, lee libros, biografías, sigue grupos de Facebook, sigue a fotógrafos reconocidos en Twitter, y si aún no tienes bastante, dedícale unas semanas a ver los 2.000 vídeos imprescindibles del canal de Vimeo DEVELOP. Si haces todo esto, ya estarás haciendo muchísimo más de lo que hicieron Cartier Bresson, Salgado o Helmut Newton.

Pero sólo hasta ahí.

Porque la verdad es que si lo que quieres es ser fotógrafo, vivir de ello y que todo ocurra en un plazo de tiempo razonable, entonces sí que debes meterte en una escuela. 

La fotografía ya no es como en la época de Bresson, Salgado ni Newton. La fotografía como carrera es hoy por hoy súmamente sofisticada, y ya no basta la autodidáctica. Y no basta porque en la fotografía de hoy, el hecho de hacer fotos en sí es una pequeñísima parte de lo que debes saber. Hoy ya no basta ser buen fotógrafo. Hay cientos de miles de personas que saben hacer fotos. Siempre habrá uno con mejor ojo, más valiente, con más cultura, con más dinero, o con más amigos que tú. Y siempre habrá uno que tenga todo eso y algo más.

En la época de los Gigantes de la fotografía no había escuelas. Bueno, sí las había, pero no era como hoy. La gente aprendía siendo ayudante, meritorio, y picando mucha piedra. Pero en esa época no había millones de fotógrafos. En esa época, y hasta hace bien poco, si dominabas la técnica, ya eras fotógrafo. La cancha era mucho más grande y había muchos menos jugadores. 

Pero ahora esto es la selva. Ya no hay cancha. Hoy se entremezcla la fotografía y el vídeo; el periodismo y el arte, la publicidad y el entretenimiento. La ficción con la realidad. Hoy están prácticamente derribadas las barreras y el famoso crossmedia ya no es noticia; es lo que hay. 

Así que visto lo visto, yo diría que sí. Que es bueno asistir a una escuela. En las escuelas y talleres lo que vas a hacer es acelerar el tiempo de aprendizaje. Si la escuela es buena, vas a ahorrarte mucho tiempo y muchas penalidades. En una escuela vas a poder probarlo todo en poco tiempo. Te van a ayudar a conocer quién eres tú y quién es quién en la industria. A qué festival tienes que ir, según qué estás buscando. Vas a poder despejar dudas relativas a cómo son las cosas en realidad. Dudas que antes no había a quién preguntárselas, cosas que antes tardabas años en conocer. 

Vas a poder mirar libros que de oro modo no conocerías, o que te costarían todo tu dinero. Vas a tener la ocasión de ver de cerca a profesionales en activo, que te van a contar sus experiencias, y eso es probablemente lo más útil. Poder preguntar clara y directamente las cosas, ver de qué pie cojea ese fotógrafo al que siempre has admirado. La primera vez que asistí a un taller fue a uno de Alex Webb. Al final del taller el hombre puso sobre la mesa su libro "Under a grudging sun". Lo vedía por 20 euros. Yo me dije: "este hombre es el director de Magnum Nueva York y vende sus libros él mismo?". Eso me empezó a dar una dimensión de lo que realmente significa ser fotógrafo documental. Nada que ver con la idealización del fotógrafo millonario y lleno de groupies. Nada que ver con los fotógrafos de moda y publicidad, que (antes sí) ganaban mucha pasta.

También estuve en uno de Nadav Kander, en el que comprendí que el hoy multicelebrado Premio Pictet y autor de "The Yangtse River" sufría un cierto complejo por no se reconocido como artista y sí como un exitoso y millonario fotógrafo de publicidad. 

A eso me refiero. En las escuelas, si son buenas, te van a ayudar a ver la trastienda. Para lo bueno y para lo malo. Vas a ver más rápido lo que vale un peine, vas a medirte con compañeros día a día y vas a desmitificar mitos. En una escuela, si es buena,  te van a ayudar a desmenuzar, comprender y digerir el atribulado mundo de la fotografía actual. Te van a explicar que ni el 10% de los alumnos van a vivir de lo que están estudiando. Te van a poner en evidencia frente a ti mismo y frente a tus compañeros, porque de eso se trata: de ponerse en evidencia, de sacar a la luz las fuerzas y debilidades, y eso, tú solito normalmente no vas a hacerlo con tanta crueldad. 

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Quién no pagaría con 10 años del total de su vida con tal de volver 10 años atrás, pero perdiendo el conocimiento que posee en este momento de manera selectiva?

La resurrección, los pactos con el Diablo, las pócimas mágicas, los profetas y las obras de arte: variantes sustitutivas de una misma combinación imposible. Porque cuando se puede no se sabe, y cuando se sabe no se puede. O por lo menos no se puede igual.

Y no hay manera de que nos creamos lo que nos dicen todos los sabios desde siempre. Por más que sepamos que no hay nada más creativo que la espontaneidad, nos empeñamos en formarnos. En volvernos expertos de nuestra materia. Y cuando ya lo somos, nos damos cuenta de que el peso de lo aprendido nos está lastrando demasiado como para realmente crear nada nuevo. Por eso la verdadera creatividad se produce mucho más a menudo durante la juventud.

Con la edad llega la perfección, la excelencia, las obras maestras. Pero difícilmente llega la inspiración genial. Para eso hace falta ser más ignorante. Para trazar nuevos caminos, no hay nada como no tener mapa. De esa manera no estamos tentados ni de coger el camino más cómodo, ni el de los maestros y sabios. Sin mapa es más probable abrir nuestro propio sendero. Grande o pequeño, pero nuestro.

Con la fotografía me pasa que ya sé bastante de lo que hay. No es que sea un erudito, ni un especialista. Tampoco soy un virtuoso de la práctica de la misma. Pero después de varios años, ya me siento bastante formado. Según la teoría que dice que necesitas 10.000 horas para dominar una materia, yo esta materia, la domino hace rato.

Digamos que ya me sé la media docena de clichés con los que puedes mantener una conversación sobre fotografía contemporánea con casi cualquiera.

Sin embargo, hay un nuevo caladero para mí. Los videodocumentalistas. Esa gente que lleva décadas haciendo documentales sobre temas interesantes y extraños; tan extraños como los que están ahora haciendo los fotógrafos, pero cuyos nombres no circulan tanto en nuestro ámbito.

Digamos que con este tipo de material me siento todavía muy primerizo. Esos nombres aún no me dicen demasiado. No me siento ni intimidado, ni sé si pertenecen a un bando o al otro, no tengo ni idea de si han ganado premios o no. No sé si han creado escuela, sin tienen camarillas, seguidores y detractores. Todas esas cosas que sí sé de los fotógrafos.

Por un lado estoy hambriento de conocimiento, como el que acaba de descubrir una comida que nunca había probado, pero por otro lado me apena estar perdiendo el beneficio de la ignorancia. Quizás debería tener la prudencia de no estudiar demasiado para no contaminar mi entusiasmo con cotilleos corporativos, que se acaban conviertiendo en el centro de la conversación.

Os propongo que veáis los siguientes vídeos: primero el trailer de la web del proyecto Capturing Reality: the art of documentary. Después, cuando tengáis un buen rato, también podéis echarle un rato a esta serie documental de Paul Watson: The Family. Friquismo retro pero cuando no era retro. Reality Show antes de que existiera el término. La primera serie documental en la que se emitían capítulos antes de haber terminado de rodar el siguiente. Impresionante. Eso sí, en inglés.

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Esta semana ha salido en la prensa que hay en Siria un japonés que harto de su vida monótona vida de camionero, se ha puesto un traje de camuflaje, se ha colgado sus cámaras de fotos y se ha ido de vacaciones a la guerra.

El hombre, en una entrevista dice que es un tipo de lo más normal. Lo único es que hace años que no habla con sus hijas. 

En su cuenta de Facebook se pueden ver algunas de sus fotos. El hombre no se priva de nada: cadáveres, piernas humanas sueltas, heridas supurantes... incluso aparece él mismo disparando. 

Manu Brabo, que está por allí, me indica que no es el único. Que por lo visto en Siria en este momento hay más de un turista de la guerra. Manu está cabreado porque opina que estos individuos arriesgan sus vidas para poner fotos en facebook y de alguna manera se entrometen en el trabajo de los verdaderos periodistas que están por allí. Según Brabo, "esto se para cuando la noticia sea, en lugar de cómica, dramática. Lease : " Un jaones aburrido de su vida viaja a Aleppo y vuelve a Tokio en un cajón".

Astrada dice "Al menos el tio es sincero. Dice que va de turista. Se quiere diferenciar de los periodistas. No como otros que van por lo mismo, la adrenalina y usan otros discursos."

Para Samu Reales "Igual el objetivo del japonés es gastarse su dinero en vivir (no necesariamente más tiempo) como a él le da la gana. A mi me parece una lección"

Txema Salvans se pregunta si no será un artista.

Todas estos comentarios me parecen acertados. En mi opinión el tipo es un desequilibrado emocional que se juega la vida tontamente porque le da la real gana, hace con sus fotos lo que quiere, lo dice abiertamente, y quizás sin quererlo, protagoniza una especie de happening Fontcubertiano. Quizás todo termine cuando vuelva a Tokio en un cajón. Lo cierto es que los rebeldes y el ejército sirio, seguramente no lo distinguen de cualquier fotógrafo freelance que ande por ahí. En las guerras contemporáneas los espontáneos son más que los asalariados. Justa o injustamente, es así. 

El caso es que todo este asunto me ha recordado un corto de mi amigo David Planell que hizo hace unos años, en el que un padre divorciado y su hija adolescente discuten porque ella no quiere ir al campamento de verano de la Franja de Gaza. Prefiere la Ruta de los Francotiradores, o una visita a Guantánamo. Una escena de pequeño conflicto familiar absolutamente anodina, si no fuera porque se ha sustituido el clásico veraneo en los Picos de Europa o Mallorca, por opciones de conflicto. Y lo hace sin darle importancia, haciendo como si nada. Muy interesante y premonitorio.

Pero no acaba ahí la cosa. Yo participé en eso corto. Hay una escena en la que la chica ojea unas viejas fotos de otros viajes de aventuras de guerra que hicieron cuando aún su padre y su madre no estaban divorciados. Yo hice esas fotos. Bueno, esas creaciones fotocompositivas. En el corto casi no se ven, pero yo me lo tomé muy en serio, y me lo curré para hacer aparecer a los protagonistas en situaciones en las que nunca estuvieron. Si tenéis en cuenta que los fondos son cada uno de su padre y de su madre, pero los personajes están fotografiados en un estudio todos el mismo día, no está nada mal. Tampoco os pongáis a encontrar errores, que ya se que los tienen, pero daos cuenta de que era para un corto y el presupuesto era limitado. Un gran ejercicio de fake, que visto ahora, adquiere una nueva dimensión, una nueva vuelta de tuerca: además del despropósito que supone ir a los conflictos con espíritu turístico, podríamos añadirle el descalabro moral absoluto que supondría hacerse unas fotos falsas con las que presumir de haber estado, pero sin haber ido. Todo un ejercicio de pérdida de valores morales humanos y periodísticos. El anatema, el sacrilegio supremo, la blasfemia inadmisible. La semilla de la duda una vez más. Una nueva evidencia de que la fotografía ya no es fiable. El apoteosis del archivo RAW como única prueba infalible de la verdad. 

Al osado que se atreviera a tanto, le desterrarían de toda actividad documental para varias generaciones, pero posiblemente el gran Foncuberta le nombrara Gran Maestre de la Orden del Creacionismo Evolutivo.

Quién sabe, a lo mejor en Japón hay hueco para ese negocio. ¿Quién dice que no se puede vivir de la fotografía?. Todo es buscar un nicho para el japonés.

 

 

 

Amnistía fiscal, SICAVs, ladrones con traje de Armani, dinero público para rescatar a Bankia, un embajador en Londres que no habla inglés, corrupción grande y pequeña, linchamiento a Garzón, subvenciones a colegios segregados, nacionalismos histéricos muy a tiempo, centralismo españolizador, tirar la basura en la cuneta, la complicidad con el defraudador, incendios forestales y maltrato animal casi gratis, paradojas de microlegislación incumplibles, obras faraónicas ridículas, ley del suelo estúpida, ley electoral de listas cerradas, el desprecio institucional a la cultura y la ciencia, el "que inventen ellos", los cuñaos y sus asesores, el timo al turista, la incapacidad para hacer política exterior decente, la inutilidad del ICEX, del Senado y de las diputaciones, el descaro de los bancos, los desahucios desalmados, la carcajada de alcohol en el trabajo, el machismo disfrazado de caballerosidad, el abuso disfrazado de feminismo, cualquier abuso oculto tras una noble fachada, el no saber hablar en público, el creer que la gente es gilipollas, las pelotas de goma cuando no toca, el vandalismo disfrazado de activismo, el uso partidista del deporte, tirar la piedra y esconder la mano, la ignorancia del Estado en casi todo menos en recaudar impuestos a las clases bajas y medias, la Justicia decimonónica, la impunidad del uso de la mentira electoral, la indiferencia entre los unos y los otros.

El cinismo de los malos.

La mansedumbre de los buenos.

¿Estás harto de todo eso?

Puedes y debes hacer algo, porque el mundo no se acaba esta semana y en el futuro te van y te vas a preguntar a qué te dedicaste durante la Gran Crisis Española.

"Yo hice un corto sobre un señor al que le gusta mirar nubes". "Yo vi varias veces los The Wire y Perdidos". "Yo fui al 15M, pero como no había líder, me fui de botellón".

Yo llevo un tiempo fotografiando lo que considero que es notablemente mejorable de nuestro entorno. Llevo un tiempo fijándome en todas estas cosas y lo estoy llamando The Pigs.

Otros van a las manifestaciones con su casco a hacer fotos. ¿Os habéis fijado que hoy por hoy los fotógrafos están la 1ª línea de la lucha?. ¿Y los del cine? bueno, esos están en estado de shock todavía, dejadlos que se recuperen de lo del IVA. Los fotógrafos, como siempre hemos sido un cero a la izquierda, no lo hemos notado tanto.

El caso es que estamos en guerra. En guerra contra el totalitarismo de las corporaciones y sus infames cómplices y agentes. Los Estados son prácticamente impotentes y se han reducido a ser gobiernos títeres, atrapados por su imposible labor de guardar las apariencias. Amansar a unos y a otros, pero obedeciendo siempre a los mismos. Y sí, se les van a pedir responsabilidades. Seguramente tendrá que pasar mucho tiempo. El mismo tiempo que tendrá que pasar hasta que los propios estados reconozcan su triste papel. El mismo tiempo que hará falta para que alguna institución pública dé la cara. "No lo harán antes de considerar que lo que se ve no es su responsabilidad" dice Txema Salvans, "esto no ocurrirá hasta dentro de entre 30 y 50 años". Sospecho que tiene razón. Pero sí, un día alguien tendrá que pedir perdón, como el papa con los judíos en la II Guerra Mundial, o los estados coloniales con sus colonias. Esto que estamos viviendo no es normal. O no debería serlo. Yo, que soy un pacifista convencido y declarado, siento que hay quien se está buscando un buena bofetada, pero a gritos. Ellos no leen este blog, pero daría lo mismo. No les importa lo que les digan. Nunca se lo creen, hasta que les guillotinan, o les cuelgan por lo pies.

Este llamamiento a la acción fotográfica no es para hacer una expo el año que viene. Ya están los de fotosspanishrevolution.org haciendo un trabajo en vivo y en directo. Tampoco para ganar premios colectivos, ni para crear grupos de trabajo. Ni yo voy a ser el comisario, ni voy a recopilar fotos. Sólamente alerto de que dentro de una larga temporada va a hacer falta repasar este momento, y si los buenos fotógrafos no participan, será más difícil. En Blank Paper lo tienen claro y Arturo Rodriguez está trabajando en ello con sus alumnos. En Nophoto también y están a punto de empezar un proyecto que se va a llamar This is Spain.

Estoy convencido de que hay cientos de personas y grupos que están ya trabajando en proyectos sobre nuestra crisis. No los conozco a todos, ni puedo ponerlos a todos, pero si leen esto, que sepan que se les agradece el esfuerzo.

No hace falta que todos hagamos lo mismo, ni que lo hagamos todo el tiempo. Hay que seguir viviendo, disfrutar de la vida y vivir en la ligereza todo lo que se pueda. También hay que ganarse la vida y eso implica a veces pactar con el diablo, cómo no. Pero de verdad creo que es un momento para la responsabilidad individual e invitaros a que incluyáis en vuestros planes personales algo de tiempo para documentar este desastre. Documentarlo y comprenderlo. No nos preocupemos de los que dicen que no hacemos más que ensuciar el nombre de España. Se trata de sacar la basura de debajo de la alfombra. Fotoperiodismo, metáforas, poesía, artistismo, lo que os dé la gana, pero no miréis para otro lado, porque ya no es posible. A lo mejor vuestras fotos no van sobre el drama, sino sobre cosas esperanzadoreas y/o conmovedoras, que las hay. Porque estamos agazapados en la trinchera, y la trinchera une mucho. Es sorprendente lo poco que están teniendo en cuenta los sinvergüenzas de siempre que las víctimas, cuanto más víctimas, más unidas.

Sólo espero estar vivo para cuando llegue el momento de la Gran Edición. Porque tanto si las aguas se calman, como si revienta el volcán, una narración visual ponderada, tamizada por décadas de reposo, va a ser necesaria. Y parece que va a ser el trabajo de nuestra vida.

A continuación, algunas fotos que ya pintan bien.

Ana Amado

Samuel Aranda

Txema Salvans

Juan Valbuena

Eloisa d'orsi

Manu Brabo

Alberto Lizaralde

Gianfranco Tripodo

 

Cristina de Middel

Markel redondo

Olmo Calvo

Gabriel Pecot

Ricardo Cases

Juan Santos

Lurdes R. Basolí

Y con vuestro permiso, un servidor

 

 

Mientras vamos leyendo noticias sobre la muerte del periodismo tradicional y el nacimiento de un nuevo periodismo al que nadie parece haberle visto la cara; mientras tratamos de definir qué demonios son los contenidos; mientras Vimeo se convierte cada vez más en el paraíso de los canales temáticos, mientras Mediastorm y BFC preparan talleres por todo el mundo, y los blogs más o menos informados debaten acerca del modelo de negocio, los formatos interactivos o no, la duración de los contenidos, la pertinencia de la convivencia entre video y foto, la nueva dimensión del sonido y un sinfín de debates académicos, hay quien ha roto la hucha, ha cogido la mochila y se ha propuesto darle forma tangible a toda esa teoría.

Ana Salvá y Joan Planas se han ido de viaje; primero a China, y a día de hoy en Filipinas, a buscar historias interesantes que contar. Un arquitecto de Shanghai que sigue el feng shui, la dueña de un estudio de té, un habitante de los hutongs de Beijin... historias cortas sobre personajes anónimos que le dan una dimensión personal a lo que sabemos de los lugares.

El tema "personajes anónimos" no es original, digamos que desde el ya clásico One in 8 Million del New York Times, ese modelo se ha convertido en un género. Sin embargo esto es interesante y veréis por qué: el proyecto se llama Buscando Historias y es básicamente un blog en el que van colgando los videos que van haciendo en su viaje. Estos videos de unos 5 minutos, están bien rodados y bien montados. Pero ahora vene lo mejor: hacen uno por semana!

En sólo una semana ruedan y montan el material, lo que es realmente milagroso, si contamos que en ese tiempo también tienen que hacer las investigaciones, contactos, las entrevistas y por supuesto, viajar de un sitio a otro. Vale, no serán historias muy profundas, pero a un ritmo de un vídeo por semana, la profundidad se consigue por acumulación.

Acaban de empezar. Llevan sólo 5 minidocus puestos en su blog, pero según me han contado, tienen material de reserva para por lo menos un par de semanas, por lo que pudiera pasar.

Una cosa interesante es que podéis hacerles peticiones. Por ejemplo: "he oído que en Manila hay un señor que habla 35 idiomas y toca todos los instrumentos. Podéis hacerle un video?". No garantizan que vayan a rodar tu sugerencia, pero nunca se sabe.

En su blog veréis un logo de Panama Jack. No se han forrado, no.  Sólo les han dado algo de ropa y equipo. También se les pueden hacer donaciones, pero por lo visto aún no cae casi nada en la lata. Ya van por 1.300 visitas por semana, casi todas de España.

Pues bien, yo digo que en breve van a ser vistos en Latinoamérica también y que el dinero acabará llegando. Si hay algún dueño de medio de comunicación en la sala, que se de prisa. Esta gente está demostrando el movimiento, como se debe demostrar: andando. Lo que están haciendo Ana y Joan es pura futurología. En mi opinión este blog, en lugar de ser 100% independiente podría estar alojado dentro de un medio como The Guardian y tener financiación bien del mismo medio, o bien de empresas privadas. Eso no sería necesariamente incompatible con la ética periodística, sobre todo porque no todo el periodismo es de investigación ni está alineado.

La única duda es: ¿cuánto te puede durar la energía para ir a ese ritmo? Yo diría que ni en el mejor de mis sueños creo que sea posible hacer un documental por semana durante más de 3 meses seguidos. Pero idealmente debería haber otro equipo para seguir con lo mismo. No sé, habrá mucho que pensar y muchos flecos que recortar, pero el esqueleto de un modelo real, interesante y sostenible, lo tenéis aquí mismo.

Dicen que con las crisis, o innovas, o pereces. Pues Ana y Joan, si saben manejar bien las redes sociales y los apoyos que reciben, no van a perecer. Y además puede que le estén dando alguna pista a los grandes medios sobre qué caminos explorar y qué historias buscar. Ojalá no les ciegue la prisa por recaudar.

 

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In 2008 I started to write a weekly post about people and issues related to photography, with a wide range of subjects.

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